domingo, 3 de abril de 2011

Libre Asociación Con o Sin El PPD

Al PPD se le está haciendo muy tarde para asumir una postura de liderazgo en cuanto al futuro político de nuestro país. En ciertos momentos de su historia, algunos bastante recientes, ese partido nos ha llenado de esperanza al coquetear con conceptos propios de la libre asociación. Sin embargo, al fin y al cabo siempre han prevalecido en esa colectividad las mentes más conservadoras y politiqueras. En estos momentos no se vislumbra que eso vaya a cambiar drásticamente. Tanto el candidato a gobernador como los dos posibles candidatos a comisionado residente pertenecen a la derecha conservadora del partido y están comprometidos con la defensa férrea del ELA colonial. Les ha importado poco que el más reciente informe de Casa Blanca sobre el estatus de Puerto Rico indica de manera inequívoca que nuestro estatus político actual está sujeto a los poderes plenarios del Congreso de Estados Unidos bajo la clausula territorial y que el mismo no tiene posibilidades de mayor desarrollo autonómico.


El resto de nosotros no podemos seguir esperando por el PPD. Independientemente de por quién decidamos votar, si votamos, en las elecciones generales del 2012, los que creemos en la libre asociación como solución descolonizadora para nuestra nación puertorriqueña tenemos el deber de movilizarnos para adelantar esa causa. Si el PPD despierta algún día y se nos une, los recibiremos con los brazos abiertos. Mientras tanto, los soberanistas no debemos perder ninguna oportunidad para hacernos sentir, para enviarle un mensaje claro a Estados Unidos y al mundo de que aquí somos muchos, muchísimos, los que nos sabemos nación.


El plebiscito que se avecina este año, por más amañado que sea, representa una oportunidad de adelantar el ideal de la libre asociación y no debemos desaprovecharla. La abstención de los soberanistas en el plebiscito sólo adelantaría la agenda de los colonialistas y estadistas. Sería trágico quedarnos de brazos cruzados y permitirle al PNP reclamar una súper-mayoría para la estadidad en el plebiscito de este año. Por más que después expliquemos, gritemos y pataleemos, el mensaje que le enviaríamos a Estados Unidos y al mundo es que los soberanistas somos dos o tres gatos y que la inmensa mayoría de nosotros queremos ser “parte de” los Estados Unidos. Tenemos ante nosotros la oportunidad de enviarles el mensaje opuesto. Intensifiquemos pues, inmediatamente, la educación sobre la fórmula de la libre asociación y salgamos a votar el día del plebiscito por esa opción descolonizadora.

sábado, 21 de agosto de 2010

¿Ser o No Ser?, Esa es la Pregunta Para el PPD

El PNP recién aprobó una resolución en la que indica que ese partido anexionista acogerá "con los brazos abiertos" a todo aquel que crea y desee la unión permanente (con los Estados Unidos). Si los populares “del corazón del rollo” hasta ahora no se habían dado cuenta de la precariedad de la ruta en la que los ha llevado la actual cúpula colonialista del PPD, con esto deberían despertar. Mientras el PPD se siga expresando como si fuera una versión lite del PNP, promoviendo la unión permanente y el “vínculo indisoluble” con los Estados Unidos, el partido no será otra cosa sino un criadero de futuros estadistas. Realmente esto no es nada nuevo, sino que es un proceso de asimilación sistemática del cual, lamentablemente, el PPD ha sido piedra angular.

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El PPD ha tenido varias citas con la historia, pero a la hora de la verdad, siempre se ha ausentado. Llámesele frío olímpico, vacilación o cálculo político, pero la realidad es que el PPD ha dejado pasar muchas oportunidades de convertirse en la institución que nuestra nación necesita desesperadamente. Puerto Rico sufre, a veces en silencio y a veces a gritos, la ausencia de una poderosa institución política que actúe como antítesis del PNP, que representa el asimilismo y la desintegración de nuestra conciencia nacional. En vez de declararle la guerra a ese gran enemigo de la nación puertorriqueña, el PPD ha tratado de agradarle a todo el mundo, persiguiendo exclusivamente objetivos electorales de corto plazo y vendiendo el alma en ese juego.

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El PPD parece no haber aprendido aún que a veces cuando se gana, se pierde. Ganar unas elecciones no es ninguna victoria si para lograrlo renunciamos a nuestros principios y terminamos pareciéndonos a nuestros peores enemigos. Eso es lo que pretenden hacer personajes como Rafael Hernández Colón, su hijo José Alfredo Hernández Mayoral y Jorge Colberg Toro, cuyas expresiones y escritos recientes son indistinguibles de aquellos publicados por estadistas del PNP. Están vendiéndole el alma del partido al mejor postor. Se les ha olvidado por completo la razón de ser del partido, que reconocida o no, no puede ser otra cosa que la sagrada misión de defender y asegurar la existencia y pujanza de la nación puertorriqueña.

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La próxima importante batalla ideológica dentro del PPD tendrá como escenario una comisión especial compuesta por sólo cinco miembros de la Junta del PPD. Esa comisión determinará los parámetros de la asamblea de estatus que el partido se propone celebrar para resolver el conflicto ideológico en que se encuentra inmerso. Es bien sabido que los parámetros de esa asamblea prácticamente determinarán el resultado final. Los cinco miembros de esa comisión son Tony Fas Alzamora, Carmen Yulín Cruz, Jorge Colberg Toro, Brenda López de Arrarás y Charlie Delgado Altieri. Ya sabemos que Fas Alzamora y Cruz son soberanistas y que Colberg es ultra colonialista. Indudablemente, esa batalla la van a decidir Brenda López de Arrarás y Charlie Delgado Altieri.

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¿Quiénes son estas dos personas que tienen en sus manos la encomienda de inclinar el péndulo ideológico del PPD a un lado u otro? ¿En qué creen? ¿Qué principios ostentan? ¿Qué sienten cuando ven ondeando la bandera puertorriqueña sola? ¿Recelo u orgullo? ¿Qué sintieron cuando no pudimos asegurar la participación de Cuba en los Centroamericanos de Mayagüez? ¿Vergüenza o apatía? ¿Qué cantan en la ducha? ¿La “Star Spangled Banner” o “Preciosa”? ¿Quién los estará llamando por teléfono, o hasta amenazando? ¿Cuánta fortaleza de espíritu poseen? Cuando les llegue su turno, ¿qué responderán? ¿Ser o no ser? Oremos.

domingo, 27 de junio de 2010

Hablemos de Alianzas con Honestidad y Pragmatismo

Debe ser motivo de júbilo para todos los soberanistas el que cada vez se hable más en Puerto Rico de la necesidad de forjar una poderosa alianza soberanista. Importantes líderes soberanistas ahora reconocen que el tribalismo político sólo puede llevarnos a la derrota, por lo que comienzan a tomar forma modelos aliancistas cuyo objetivo es unificar en un solo movimiento a la mayoría de los defensores de la nación puertorriqueña. Sin embargo, debemos ser cuidadosos pues no todas las propuestas que se han estado ventilando tienen potencial real de éxito. Algunas de ellas podrían, a pesar de las buenas intenciones de sus propulsores, descarrilar el proyecto de alianza soberanista que realmente necesitamos.

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Uno de estos modelos bien intencionados, pero peligrosos, es el de aquellos que abogan por la creación de un nuevo partido soberanista que agrupe a proponentes de la libre asociación y la independencia. Eso suena muy bien en principio, pero al examinar esa propuesta en mayor detalle, encontramos un gran problema estructural que tarde o temprano terminaría disolviendo esa alianza. El problema surge porque los proponentes del nuevo partido soberanista insisten en que el partido defienda el principio de soberanía en general, sin definirse entre la independencia y la libre asociación. Eso funciona bien como estrategia educativa, porque al pueblo se le puede educar con respecto a la soberanía puertorriqueña y dejar que cada cual decida votar por la independencia o la libre asociación. Sin embargo, a la hora de encarar un plebiscito o participar en una Asamblea Constitucional de Estatus, no quedaría espacio para ambigüedades. Ante la eventualidad de un plebiscito, no les ha quedado más alternativa que llamar a la abstención electoral, lo cual no ayudaría a adelantar la agenda soberanista y podría regalarle una súper mayoría a la estadidad. La Asamblea Constitucional de Estatus es entonces la única salida a su encerrona ideológica, pero no le han explicado a nadie qué fórmula de estatus defenderían ellos como delegados en esa asamblea.

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En una Asamblea Constitucional de Estatus los delegados electos se sentarían en una mesa a negociar una fórmula de estatus. Siendo los independentistas minoría en esa mesa de negociación, es imposible que la solución negociada resulte ser la independencia. De hecho, es matemáticamente ineludible que de esa Asamblea Constitucional de Estatus surja un tratado de libre asociación. Al igual que en un plebiscito, los independentistas tendrán que montarse en esa guagua para vencer definitivamente a la alternativa anexionista. Por lo tanto, proponer una Asamblea Constitucional de Estatus equivale a proponer la negociación de un tratado de libre asociación. El que piense lo contrario se engaña.

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Realmente la única alianza soberanista que puede perdurar y lograr la gran victoria que anhelamos para nuestra nación es una que esté basada en la libre asociación soberana como alternativa de convergencia. Esa es una solución viable que podría recibir el apoyo masivo de todos los sectores no asimilistas, incluyendo la mayoría de los independentistas. La libre asociación nos descolonizaría y le cerraría las puertas a la anexión, pero no le cerraría las puertas a la independencia a largo plazo. Por lo tanto, el sector independentista podría retomar su lucha por la independencia plena a partir del establecimiento de un tratado de libre asociación. Si los líderes del independentismo evalúan la situación actual de Puerto Rico objetivamente, sin apasionamientos, sólo pueden llegar a la conclusión de que a corto o mediano plazo la libre asociación es la única carta de triunfo que tenemos los que amamos nuestra nación borincana.

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Ahora bien, hay quienes han propuesto una coalición soberanista con el propósito específico de lograr importantes triunfos electorales en el 2012. No se puede negar que esa idea tiene mérito pues indudablemente necesitamos reemplazar al catastrófico gobierno actual del PNP con funcionarios públicos que defiendan nuestro patrimonio nacional, fomenten la autogestión y adelanten un Proyecto de País. Para lograr esto no hay que reinventar la rueda. No necesitamos fundar un nuevo partido político cuando tenemos la oportunidad de apoderarnos de la poderosa máquina electoral que es el PPD. Varios líderes soberanistas se mantienen en pie de lucha para hacer prevalecer la visión soberanista en ese partido. Se vislumbran unas primarias importantísimas en esa colectividad y nuestro apoyo a candidatos soberanistas puede hacer una diferencia enorme. No puedo pensar en mejores candidatos para movernos en la dirección correcta que los discípulos de Willie Miranda Marín.

martes, 22 de junio de 2010

Ponencia de la Alianza pro Libre Asociación Soberana Ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas

Mi nombre es Omar López, puertorriqueño de nacimiento y residente del estado de Michigan, en representación de la Alianza pro Libre Asociación Soberana (ALAS). ALAS es una organización de la Sociedad Civil Puertorriqueña que ha adoptado la libre asociación como el mecanismo para resolver y establecer las relaciones entre Estados Unidos y Puerto Rico.

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Este es un año especial para éste Honorable Foro, por cuanto se celebra el 50 aniversario de las Resoluciones 1514 (XV) y 1541(XV). Somos de los que creemos que no se puede celebrar el aniversario de una u otra resolución, sin celebrar de igual manera y dimensión, el aniversario de ambas resoluciones. Las resoluciones anteriores, nacidas con escasamente un día de diferencia, en la misma Asamblea General Núm. XV de las Naciones Unidas, constituyen la proclama del derecho de las naciones a su autodeterminación y a su descolonización. Éstas se complementan en la función de proveer la obligación y mecanismos adecuados para resolver las situaciones de subordinación política. Sin embargo, es la Resolución 1541 la que define las tres únicas alternativas reales de naturaleza descolonizadora, siendo una de estas, la libre asociación.

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La libre asociación se ha convertido en un mecanismo dinámico para resolver la transición de los países de su estado colonial, a uno de naturaleza soberana. El hecho de que varios de los países miembros de esta Organización de Naciones Unidas, sean países que han advenido a su existencia, bajo una relación de tratados de libre asociación, demuestra la utilidad e importancia de esta fórmula como mecanismo para resolver el problema del coloniaje en el mundo, sin necesidad de revoluciones violentas o caos políticos. Estos países que la han adoptado, hoy son miembros de esta Organización de Naciones Unidas, con igual voto, dignidad y orgullo, que los que advinieron al organismo mediando otros procesos. De hecho, somos de los que pensamos que al menos uno de estos países debe ser miembro de este Comité de los 24, ante el que comparecemos en este acto.

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La Libre Asociación en Puerto Rico

En Puerto Rico, el apoyo popular a la fórmula de la libre asociación ha crecido de manera vertiginosa en los últimos dos años, según lo demuestran dos encuestas políticas independientes realizadas por dos distintas estaciones de radio. Las mismas demuestran un apoyo a la libre asociación de entre un 13% a un 17% por ciento de la ciudadanía puertorriqueña. De hecho, es la única fórmula de estatus en franco crecimiento en apoyo del pueblo.

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Esta alternativa comienza a convertirse en una salida al inmovilismo político promovido por el presente estatus colonial del llamado Estado Libre Asociado (ELA) y del partido que tradicionalmente lo ha promovido. Pero ya es un hecho innegable, que los electores soberanistas puertorriqueños comienzan a definirse para apoyar opciones descolonizadoras. Diríamos sin lugar a equivocarnos que le queda poco tiempo a la presente relación colonial del ELA y que inexorablemente ocurrirá un proceso de definición en la base de nuestro pueblo, hacia la alternativa de soberanía dentro de la libre asociación.

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Esperamos que el presidente Barak Obama haga verdad y cumpla con su compromiso de “atender” el problema de Puerto Rico durante su primer cuatrienio. Sin embargo, la alteración de un proyecto de ley de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, conocido como el HR-2499, para incluir al ELA colonial dentro de las alternativas descolonizadoras, como si el ELA fuera una alternativa de carácter descolonizador, ha causado gran decepción en la mayoría de los puertorriqueños. Después de tener originalmente un proyecto de ley de carácter descolonizador, con las únicas tres alternativas contenidas en la Resolución 1541 (XV), se aprobó una enmienda que incluyó el mismo ELA colonial como una cuarta alternativa. Aunque dicho proyecto no será aprobado en el Senado de Estados Unidos, ALAS apoya una consulta plebiscitaria con alternativas descolonizadoras o una Asamblea Constitucional de estatus.

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Sin embargo, lo que ya es realmente lamentable e inaceptable es la falta de actividad de este Cuerpo de Naciones Unidas que no acaba de bajar el asunto de Puerto Rico al pleno de la Asamblea para su consideración. Porque si alguien tiene dudas de si el Estado Libre Asociado es de naturaleza colonial, basta con señalar que a pesar de que en nuestra propia constitución se prohíbe la pena de muerte, el gobierno de Estados Unidos procesa acusados en el Tribunal de Distrito de Estados Unidos en Puerto Rico, bajo la solicitud de que se imponga la pena de muerte como parte de la sentencia, en contravención de nuestra propia disposición constitucional. Cabe señalar que la Resolución 1541 establece como requisito para una relación de asociación de carácter no colonial el que la nación asociada a la metrópoli tenga el derecho a determinar su constitución interna sin injerencia externa alguna. Sin embargo, la constitución que Puerto Rico adoptó en 1952, y que continúa vigente, es una subordinada a la constitución federal de Estados Unidos. Al no permitírsele a Puerto Rico aprobar leyes o resoluciones que estén en conflicto con la constitución federal de Estados Unidos, quedan evidenciados los poderes plenarios de Estados Unidos sobre Puerto Rico. De hecho, en el informe oficial de un comité especial creado bajo la administración del Presidente George Bush se nos hizo muy claro a los puertorriqueños que el gobierno de Estados Unidos no reconoce soberanía puertorriqueña alguna, y que por el contrario, define el estatus actual de Puerto Rico como un territorio no incorporado sujeto a los poderes plenarios del Congreso de Estados Unidos.

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Por lo tanto ALAS solicita a este Comité que detenga este vía crucis puertorriqueño de una vez por todas y que reconozca que Puerto Rico sea incluido en la lista de los países que no han ejercido su derecho a la autodeterminación y que se ratifique el derecho del pueblo de Puerto Rico a escoger una de las tres alternativas descolonizadoras provistas en la Resolución 1541. Los puertorriqueños sentimos que hemos sido abandonados por la comunidad de países soberanos del mundo, al no atender nuestro reclamo de que se incluya el caso de Puerto Rico en la agenda para discusión en el pleno del cuerpo. Y con el mayor de los respetos le señalamos hoy que estos procesos de discusión ante este Comité de los 24, han perdido validez moral en grandes sectores de nuestro pueblo, por razón de la inactividad de todos los organismos de esta Honrosa Organización, ante nuestro problema. Esta actitud de falta de urgencia y diligencia de esta Organización, en cierta manera, convierte a los miembros de la misma en coautores de esta perpetuación de la colonia. En Puerto Rico, aunque no se nos arranca la lengua o los ojos por pretender ser una nación soberana, día a día, en un proceso lento se nos arranca nuestra alma y voluntad a través de las ayudas de mantengo por parte del gobierno de Estados Unidos, que quizás es peor, por el deterioro moral y social que nos ha ido causando. El tiempo transcurrido sin que se haya llevado el caso de Puerto Rico al pleno, es realmente una afrenta a los principios que guiaron a este cuerpo a aprobar las Resoluciones 1514 y 1541.

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Además nos unimos a otros amigos soberanistas, como el Lcdo. Arturo Hernández, presidente del Colegio de Abogados de Puerto Rico, en la solicitud de lo siguiente de este Docto Cuerpo:

· Que se le ponga fecha cierta al asunto de la discusión del Caso de Puerto Rico y fecha cierta para que se inicie un proceso de descolonización para nuestro país

· Que se disponga para que el proceso de descolonización se dé dentro del contexto de la autodeterminación de la Res. 1514 y la Res. 1541 de la Organización de las Naciones Unidas

· Que se le impongan sanciones a Estados Unidos si no cumpliera con los términos del proceso acordado

· Que en este proceso de descolonización se provea participación al gobierno de Estados Unidos y la comunidad internacional en las funciones de monitoría del mismo.

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Suplicamos que se actúe ahora, para que se cumpla con las metas de la humanidad que ha encausado a esta Organización de las Naciones Unidas, en la aprobación de las Resoluciones 1514 y 1541, y que de una vez por todas no le den más la espalda a Puerto Rico. Finalmente, no podemos terminar esta ponencia sin unirnos al reclamo de libertad para los presos políticos puertorriqueños.

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Muchas Gracias,

Omar López,

ALAS para Puerto Rico

sábado, 22 de mayo de 2010

El Momento de la Libre Asociación es Ahora

En estos días, como síntoma de la falta de unidad y diálogo, los proponentes de la libre asociación para Puerto Rico nos andamos comiendo por los rabos. En la mayoría de los casos, estamos todos de acuerdo en cuanto a los principios esenciales de un tratado de libre asociación fuera de la Cláusula Territorial. Las consideraciones por las cuales estamos divididos son más bien tácticas, pero pueden poner en peligro el proyecto de la libre asociación si no se atienden pronto. El fraccionamiento de nuestra lucha le vendría como anillo al dedo a los inmovilistas-colonialistas y anexionistas, que cada día se parecen más.

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Ahora más que nunca necesitamos formular una alianza que unifique la lucha soberanista en un solo movimiento pro libre asociación soberana. Encuestas recientes apuntan a que el entendimiento y apoyo a la libre asociación como opción descolonizadora se encuentra en franco crecimiento. Al mismo tiempo, el ELA colonial está cada vez más desprestigiado e indefensible. Este es el momento de coger el toro por los cuernos, formular una alianza significativa y lanzarnos en defensa de la libre asociación. El primer asalto en nuestra lucha no es contra el anexionismo sino contra el sector inmovilista-colonialista. Los votos que un día no muy lejano podrían darle la victoria a la libre asociación y enterrar para siempre la amenaza anexionista van a provenir de populares que aún están desorientados por la propaganda colonialista y asimilista, así como de independentistas que quieren alcanzar la soberanía para su nación en vez de sólo soñar con ella escuchando los discursos grandilocuentes de Rubén Berríos.

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Los muy hábiles anexionistas han fabricado una píldora venenosa que, por el momento, está surtiendo el efecto deseado por los enemigos de nuestra nación. El plebiscito criollo que han prometido contendrá una definición de asociación soberana distinta a la que seguramente propondríamos por consenso los defensores de la libre asociación. Desafortunadamente los soberanistas dentro y fuera del PPD han saltado a sus propias conclusiones sobre la estrategia a seguir ante este reto, sin que mediara un diálogo o intento alguno de lograr un consenso libre asociacionista. Unos han propuesto la abstención electoral como estrategia mientras que otros se han comprometido a defender la libre asociación a pesar de la definición impuesta. El enemigo nos ha puesto a pelear entre nosotros mismos. Eso no habría sucedido si hubiésemos tomado una mañana para sentarnos juntos como libre asociacionistas a buscar un consenso en cuanto a la estrategia a seguir. Es un concepto simple y efectivo que he bautizado en otras comunicaciones como Mesa Redonda Soberanista.

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La decisión de participar o no en un plebiscito criollo con una definición de libre asociación que no hemos tenido la oportunidad de redactar nosotros mismos no es una simple. Existen buenos argumentos tanto para la abstención como para la participación en el inminente plebiscito criollo. Sin embargo, un análisis cuidadoso de las posibilidades que se abren con una decisión u otra debe convencernos de que la participación agresiva en defensa de la libre asociación trae consigo unas oportunidades que no debemos desaprovechar. Igualmente importante son los riesgos que traería consigo la abstención.

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En teoría, una abstención electoral masiva podría enviarle al Congreso de Estados Unidos el mensaje de que el pueblo de Puerto Rico rechazó el proceso amañado del PNP. Sin embargo, cualquier fallo en la ejecución de ese plan podría salirnos muy caro. Una abstención parcial podría terminar en, por ejemplo, una votación total de 1.5 millones de votos, 70% de ellos para la estadidad. Eso les daría la oportunidad a los anexionistas de ir al Congreso a decir que los puertorriqueños han pedido la estadidad a viva voz. De hecho, no nos debería sorprender tampoco que, en un escenario como ese, el PNP intente implementar el Plan Tenesee para imponernos la estadidad.

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Por otro lado, la participación agresiva en el plebiscito garantizaría que la estadidad no obtenga una súper mayoría de votos, a la vez que nos daría la oportunidad de oficializar el creciente apoyo a la libre asociación como fórmula descolonizadora. El que la estadidad “gane” con un 45% de los votos frente a 20-25% de la libre asociación y 20-25% del ELA colonial no va a adelantar en nada la estadidad. El Congreso sabe leer y entender resultados por lo que son, o sea, 55% de los puertorriqueños rechazan la estadidad. Como mencioné antes, nuestra primera batalla es contra el inmovilismo-colonialismo. Este plebiscito criollo, si bien no lo pedimos y no está hecho a nuestra medida, podría ser el escenario de la primera gran victoria de nuestra nación.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Propuesta de Libre Asociación del Senador Antonio Fas Alzamora

Como si el inspirador discurso ofrecido por el visionario Willie Miranda Marín el 15 de febrero no hubiese sido suficiente para energizar al movimiento soberanista en Puerto Rico, el 8 de marzo le tocó al Senador Antonio Fas Alzamora hacer una contribución importantísima a esa lucha por la dignidad política y el progreso económico y social de nuestra nación. La propuesta de libre asociación presentada por Fas Alzamora, titulada “Pacto de Asociación Entre Los Gobiernos Del Estado Libre Asociado de Puerto Rico y Los Estados Unidos de América”, es una que merece toda nuestra atención pues establece las bases de un prometedor proyecto de convergencia soberanista. Tras presentar su propuesta, Fas Alzamora inmediatamente comenzó un proceso inclusivo de vistas públicas para discutir la misma y considerar enmiendas, lo cual es el paso lógico a seguir para forjar una amplia alianza soberanista.

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El hecho de que la propuesta presentada por Fas Alzamora fuera un detallado documento de más de 40 páginas, producto de más de diez meses de estudio y la participación de varios especialistas, en vez de algún panfleto con más forma que esencia, facilitará tremendamente la discusión y refinamiento de los variados puntos que atiende dicha propuesta. Esa claridad y transparencia, a su vez, le abrirán las puertas a muchos soberanistas que han dudado, con buenas razones, de las propuestas que han surgido dentro del PPD en el pasado. Además, el documento provee una definición, con lujo de detalles, de lo que es la libre asociación. Por lo tanto, cuando tanto los estadistas como los estadistas lite se lancen al ataque con sus bolas de fango, utilizando el fantasma de la república bananera, los soberanistas tendremos una definición de más de 40 páginas para taparles la boca. Por ejemplo, es muy posible que alguno de los líderes soberanistas del PPD se vea en la obligación de, en plena Asamblea General del partido, aclararle al arrodilladísimo estadista lite José Alfredo Hernández Mayoral que en el Título I, artículo 3, sección 1-b del propuesto Pacto de Asociación, se establece claramente que los puertorriqueños nacidos luego de la fecha de vigencia del pacto, de padres puertorriqueños con ciudadanía dual, tendrán también las dos ciudadanías (Puerto Rico y Estados Unidos).

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Es precisamente la inserción del concepto de ciudadanía dual en el pacto lo que, con toda probabilidad, crea un potencial de convergencia inmenso. Por un lado existe en Puerto Rico un sector importante que no estaría dispuesto a apoyar ninguna propuesta que no otorgue completa validez jurídica y reconocimiento internacional a la ciudadanía puertorriqueña. Por otro lado existe un amplio grupo de puertorriqueños que no ponen en duda su nacionalidad borincana ni por un segundo, pero sí temen, por las razones que sean, perder la ciudadanía americana. La propuesta de mantener dos ciudadanías, ambas igualmente válidas, permitirá que estos grupos se unan en un mismo movimiento patriótico, creando las condiciones propicias para derrotar de una vez por todas a las fuerzas asimilistas en nuestro país. La primera batalla se dará dentro del PPD. Sin lugar a dudas, los vientos soplan a favor de la libre asociación, mientras que nuestro estatus colonial sigue perdiendo amigos en Puerto Rico, Estados Unidos y el mundo.

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A parte de la novel añadidura del concepto de ciudadanía dual, el resto del pacto propuesto es consistente con los tratados de libre asociación que Estados Unidos mantiene con Micronesia, Palau e Islas Marshall. Los acuerdos estipulados en el documento atienden la gran mayoría de los reclamos que los sectores soberanistas consideran cruciales. Entre dichos elementos cruciales se destacan la exclusión de Puerto Rico de la cláusula territorial de Estados Unidos, el reconocimiento de nuestra personalidad jurídica internacional, la capacidad para llevar a cabo nuestras relaciones exteriores, capacidad de pactar con otras naciones, control de inmigración, control de aduana, control de las comunicaciones y derechos marítimos, entre otros. La sustitución del Tribunal Federal de Distrito por un Tribunal del Pacto compuesto por jueces de ambos países es de vital importancia ya que los soberanistas entendemos que un Puerto Rico soberano no puede atenerse a las decisiones de un tribunal de los Estados Unidos. En fin, el pacto propuesto por Fas Alzamora está muy bien diseñado.

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Ahora bien, perfecto no hay nada en la vida y el primer borrador del Pacto de Asociación no es la excepción a la regla. Con toda probabilidad las vistas públicas ayudarán a clarificar o perfeccionar algunos elementos del documento. Por ejemplo, el requerimiento de terminación del pacto sólo por acuerdo mutuo no es consistente con el concepto de soberanía. La intención del autor claramente no fue limitar la soberanía de Puerto Rico sino proteger el pacto de los vaivenes políticos tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. Eso se puede lograr con un requerimiento menos absolutista. Por ejemplo, se podría estipular en el pacto que la terminación del mismo requiera una super mayoría de 2/3 partes de los votos en Cámara y Senado, ya sea en Estados Unidos o Puerto Rico. Con ese requerimiento aseguraríamos, sin afrenta a nuestra soberanía, que el Pacto de Asociación sobrevivirá votaciones meramente partidistas.

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Nos encontramos ante la oportunidad de reescribir nuestra historia con un movimiento de convergencia que logre el triunfo y renacimiento de la nación puertorriqueña. Si logramos trascender las pequeñeces que nos dividen y nos concentramos en el sentimiento nacional y el hambre de dignidad y progreso que nos unen, nos esperan días gloriosos. En un artículo anterior mencioné que en la primera mitad del 2010 deberíamos sentar las bases de una alianza soberanista. El discurso de Willie Miranda Marín preparó el terreno y el Pacto de Asociación de Antonio Fas Alzamora representa una base sólida sobre la cual podemos construir una alianza soberanista sin precedentes, una para los libros. Quien no quiera ser parte de la historia, que se siente a mirarnos desde las gradas. Este es el momento de crecernos, este es el momento de ser una nación.

La Razón Para Estar o No Estar (Por. Ángel Ortiz Guzmán)

El licenciado José Alfredo Hernández Mayoral ha sostenido que el desarrollo del Estado Libre Asociado se tiene que dar “dentro de y no fuera de” la Constitución de los Estados Unidos. Su aspiración es “al mayor grado de autonomía posible sin quebrar esa base de la relación”. Para el sector conservador del PPD, la aplicación a Puerto Rico de la Cláusula Territorial de la Constitución de los Estados Unidos no es problema alguno y no debe ser alterada en la propuesta de status del PPD.

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Una de las razones por lo que los soberanistas en el PPD desean una asociación entre soberanos la encontramos en el caso de Harris v. Rosario que decidió Tribunal Supremo de los Estados Unidos en 1980.

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En dicho caso, tramitado por la Corporación de Servicios Legales de Puerto Rico, en representación de nuestras familias pobres recipientes de asistencia económica bajo el programa de ayuda a niños necesitados de la ley de Seguridad Social Federal, le planteó al Tribunal una situación de discrimen en la cantidad de fondos recibidos en comparación con las familias residentes en Estados Unidos. El cuestionamiento era sencillo. ¿Por qué se permite el trato distinto a los que viven en Puerto Rico, frente a los ciudadanos norteamericanos que residen en los 50 estados?

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El planteamiento no era uno de naturaleza político partidista. Más bien, pretendía lograr equidad en la aplicación de la Constitución de los Estados Unidos a los ciudadanos americanos residentes en Puerto Rico y la obtención de mayores beneficios sociales y económicos. Sin embargo, la decisión del caso tuvo unas repercusiones muy serias en el aspecto político.

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El Supremo de Estados Unidos resolvió que la Cláusula Territorial de la Constitución federal le otorga al Congreso el poder de hacer todas las leyes que crea necesarias en cuanto al territorio bajo su poder. Añade, que el Congreso puede tratar a Puerto Rico diferente a los estados mientras exista una justificación racional para hacerlo. Esa verdad, la dirección conservadora del PPD no acaba de entenderla.

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Es precisamente por esta razón, que los soberanistas hemos defendido la adopción por el PPD del principio de soberanía en el desarrollo del ELA. Tras proclamarse la soberanía en el ELA, éste no estaría subordinado al poder plenario del Congreso bajo la cláusula territorial. Por primera vez, la autoridad federal sobre nosotros tendría límites inviolables. Dichos límites no existen en ninguna relación actual “dentro de la federación estadounidense”.

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Es bueno que el pueblo puertorriqueño entienda las implicaciones de estar o no estar inmersos en la cláusula territorial. El planteamiento de quedar excluidos de la misma no es un mero capricho. Persigue, entre otras cosas, acabar con el discrimen legalizado bajo el manto del poder plenario del Congreso de los Estados Unidos para sustituirlo por una asociación claramente basada en soberanía y pleno consentimiento mutuo. Lo que se acuerde, en términos de asistencia social no podrá alterarse unilateralmente por el Congreso. Así es en los tratados de libre asociación entre Estados Unidos y varias islas del Pacífico.

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El ELA dentro de la federación de los Estados Unidos, continuaría estando subordinado al poder del Congreso bajo la cláusula territorial, sería una relación colonial en la que el Congreso podría discriminar siempre que alegue una justificación racional para hacerlo. Además, el Congreso de Estados Unidos retendría el poder de legislar unilateralmente sobre nuestro país.

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Al ELA quedar excluido de la cláusula territorial, y si se establece específicamente en el tratado de asociación que no se discriminará contra los ciudadanos americanos de Puerto Rico en cuanto a su elegibilidad, en igualdad de condiciones a los ciudadanos del Norte, en programas de bienestar social, entonces, injusticias como la del caso de Harris v. Rosario, que afectó a cientos de miles de familias puertorriqueñas con niños necesitados, no se volverá a repetir.

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En una Asociación con soberanía, los poderes que ejerzan los Estados Unidos sobre Puerto Rico serían aquellos que expresamente deleguen los puertorriqueños. De este modo se habrán aclarado las premisas de la relación de asociación de manera que quede claro que es Puerto Rico y no el Congreso de Estados Unidos, el que ejerce su soberanía de pueblo para determinar qué áreas delegará válidamente al gobierno de Estados Unidos para que éste las administre. La diferencia de estar subordinados o no a la cláusula territorial tiene mucho que ver con la definición existencial que tenemos que tomar como puertorriqueños de ser nosotros mismos quienes mandemos en nuestra casa.